Circular de Teresa Romo a la Comunidad Educativa FEC

 

Queridos todos,

En nombre del Comité de Dirección de FEC y del mío propio, ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Bienvenidos, espero que con ánimos y fuerzas renovadas, al último trimestre de este curso escolar; un poco más largo que otros años ya que la entrada en la primavera ha coincidido con las vacaciones de Semana Santa.

Propio del Tiempo Pascual es dejar que los efectos de la Resurrección se muestren. Y tiene que ver más con los sentidos y con el corazón que con la cabeza. Como la primavera, el Tiempo Pascual es una explosión de posibilidades, matices y colores. Es la apuesta definitiva de Dios por la vida, el triunfo de lo bueno. La vida venció y vencerá definitivamente a la muerte, si abrimos nuestras puertas al que vive y está con nosotros, ayudándonos a empezar siempre y a apostar por la vida.

La Resurrección nos habla de la fuerza de la vida que todos los organismos vivos llevamos dentro. Pensemos un momento: ¿No nos sorprende ver cómo las enredaderas se buscan la vida para meterse entre las piedras, rompiendo todo a su paso? ¿O cómo viven los animales en el desierto o en el Polo Norte? ¿O cómo crece la hierba entre las piedras que pisamos? Lo mismo es aplicable a nosotros como seres humanos: si vivimos como deberíamos nos iremos haciendo más flexiblemente adaptables a cualquier desastre, desánimo, contratiempo. Necesitamos abrir nuestros sentidos a la vida que brota, a la vivencia existencial y a la confianza personal y en los otros. Como dice el profeta Isaías: «Mirad, que realizo algo nuevo, ¿no lo notáis?» (Is. 43, 19).

Si el Resucitado es el triunfo de la vida sobre la crisis y la muerte que tuvo que padecer, también nosotros, en las situaciones concretas que nos toca ver de cerca, donde quiero recordar el paro y la inmigración entre otras, estamos llamados a ser personas de fe y de alegría, llamados a convertirnos en testigos de esperanza y vida para todos.

Que el efecto resurrección no lo vivamos como un espejismo, como algo tan inalcanzable como una utopía. Puede sonar extraño, pero a veces se está tan bien en lo viejo, lo obsoleto y lo de siempre, que -como María Magdalena- nos seguimos empeñando en visitar sepulcros y llorar el pasado, cuando hay una voz clara detrás de nosotros que nos dice: “No está aquí, ha resucitado” (Lc. 24,6).

Por último, os invito a que cuidemos la misericordia, la honestidad, el compromiso de crecer siempre y la aceptación y el respeto hacia los demás en el ambiente escolar, que es el nuestro. Estas actitudes están, pero necesitan de nuestro compromiso para que crezcan a nuestro alrededor.

Con la certeza de que cada uno, desde sus posibilidades, cuidaremos y mejoraremos el mundo que es la casa de todos, recibid un cordial saludo,

Teresa Romo, rscj

Secretaria Ejecutiva

 

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