Religioso marianista y sacerdote, era el Presidente de FEC desde el 28 de noviembre de 2013. 

Hemos recibido con enorme tristeza la noticia del fallecimiento de D. Juan de Isasa, religioso marianista y sacerdote, quien formaba parte del Patronato de FEC, designado por FERE, desde el 18 de mayo de 2012 y fue nombrado Presidente de esta Institución el 28 de noviembre de 2013.

Él mismo resumió en su Carta de presentación al Patronato de FEC la razón por la que aceptaba ser Patrono de la entidad y su visión sobre la educación católica, por la que siempre le recordaremos con enorme cariño y respeto: “Creo que la educación es uno de los mejores servicios que podemos hacer por nuestros jóvenes y niños. Creo, además, que la Iglesia tiene un proyecto educativo importante que puede ofrecer a la sociedad y que enriquece a la persona, la humaniza y en definitiva la ayuda a crecer. Creo sinceramente, que un colegio cristiano ha de ser primero un gran colegio, para luego poder decir que es cristiano”.  D. Juan de Isasa tenía una enorme fe en la misión de la Fundación Educación Católica, en su equipo, en su modelo organizativo y, por supuesto, en su Proyecto Institucional. 

D. Juan de Isasa entendía como nadie la necesidad de adelantarse a las exigencias de esta llamada sociedad líquida, en la que todo cambia a una velocidad vertiginosa, y gracias a su liderazgo pudimos alcanzar algunos de los hitos más importantes de nuestra historia, destacando la celebración del 25º Aniversario de FEC en 2017.

Licenciado en Ciencias Físicas y en Teología, dedicó su vida profesional al mundo educativo, inicialmente como profesor de Física, Coordinador de Pastoral de los Colegios Marianistas y Director del Colegio Ntra. Sra. del Pilar (Madrid). Posteriormente, trabajó intensamente en el campo editorial, donde llegó a ser Presidente del Grupo Editorial SM, Presidente de la Federación de Gremios de Editores de España y Presidente de la Federación de Cámaras del Libro de España.

Fue una excelente persona, con gran sentido del deber y vocación de servicio.  Siempre le admiraremos por haber sabido vivir desde la alegría del Evangelio, a pesar de su enorme responsabilidad, irradiando a quienes tuvimos la suerte de conocerle su buen hacer y su espíritu inquebrantable ante los nuevos retos.  

Religioso sin complicaciones, simple en lo superfluo, en lo trascendente consagrado y en la vida maestro. Entusiasta por saber, lector incansable, defensor a ultranza de la cultura, encantado de poder enseñar, puente sencillo pero bien fundamentado entre la razón y la fe, físico dedicado a escribir teología e historia, amante de los relatos cortos, con madera para dirigir, buen estratega, persona con gran sentido del humor, querido, pionero, disponible, cercano, viajero incansable, de conversación amena, profundamente creyente, de mirada pensativa, orgulloso de su linaje, enamorado de sus dos familias, amante de la vida.

Su sabiduría seguirá ayudándonos en nuestras decisiones y permanecerá como un verdadero ejemplo de cómo ser un fiel seguidor de Jesús de Nazaret.

Descansa en Paz.

Compartimos los homenajes que hemos leído en distintos medios de comunicación: 

El País 

Vida Nueva