Mensaje de Pascua de Teresa Romo, secretaria ejecutiva de Fundación Educación Católica

 

Queridos todos, ¡Feliz Pascua de resurrección!

El tiempo pascual es, para los cristianos, el más importante de todo el tiempo litúrgico; se inaugura en la Vigilia Pascual y se celebra durante siete semanas hasta Pentecostés. Es la Pascua de Cristo el Señor, que ha pasado de la muerte a la vida plena en Dios. 

También a nosotros, como a las mujeres que acudieron al sepulcro, van dirigidas estas palabras: 

 ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado  (Lc 24,5-6). 

¡Ha resucitado, está vivo! La buena nueva de la Resurrección de Cristo empezaba así su viaje a través de la historia, como una ola larga, tranquila, majestuosa e imparable. No existe solo una resurrección al final de la vida; existe también otra del corazón, y si la del cuerpo es del “último día”, la del corazón es una resurrección día a día. Ese es el sentido profundo de la celebración Pascual: la bondad nos salvará, nos resucitará, nos transformará.

La bondad, el amor y la persona son el centro de la vida de Jesús, su eje: sobre esto giran todos sus encuentros, su mirada detenida sobre el mundo, sus pasos, su vocación y su destino. No sé si nos hemos preguntado alguna vez qué es lo que le hizo a Jesús vivir como vivió,  qué imantaba a Jesús con tanta fuerza, qué brújula le orientaba, qué o quién le ayudaba a caminar. La respuesta está en que es esta forma de ser y vivir lo que Dios  resucitó de la muerte (Cfr: Hch. 13,30)

En este tiempo Pascual recordemos a aquel primer hombre al que el Creador regaló un mundo bueno, un mundo diseñado para el bien. En esto consiste el regalo: en saber que, verdaderamente, comenzamos a vivir una vez que la belleza y el amor han recorrido la circunferencia entera del planeta, han plantado su semilla en cada palmo de tierra sobre el que nuestros pies se moverán, han alentado cada brizna de aire, han hecho que un gramo de luz pese mucho más que muchos kilos de sombra. ( Cfr: Fascinados por el bien, Víctor Herrero de Miguel OFM)

Que esta vuelta al trabajo, a las clases, y en definitiva, a lo ordinario de cada día, sea desde esta perspectiva del Resucitado que nos recuerda un año más que la resurrección del corazón, que el amor y la esperanza en el ser humano es un milagro que puede ocurrir cada día si estamos dispuestos a vivir como resucitados. Este es mi deseo profundo para todos.

Teresa Romo, 

Secretaria Ejecutiva FEC

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